La industria audiovisual se enfrenta a un reto ambiental de gran magnitud: se estima que solo en Londres genera tantas emisiones de dióxido de carbono como una ciudad de 20.000 habitantes. Parte de ese impacto procede de la gestión de los servicios de restauración diarios para el equipo. En una superproducción, el cátering puede servir cientos de menús durante semanas, lo que convierte la elección de alimentos, su transporte y la gestión de residuos en palancas fundamentales para reducir la huella ecológica.
Incorporar criterios de alimentación sostenible en los rodajes no es una moda pasajera. Las film commissions y productoras pioneras están integrando estas prácticas como un valor añadido que mejora la reputación del proyecto, contribuye a las economías locales y, además, genera una conciencia que el equipo se lleva a casa y replica en futuros trabajos. La alimentación deja de ser un mero recurso logístico y pasa a ser un vector de cambio hacia una producción cinematográfica más responsable.
El primer paso para un cátering respetuoso con el planeta ocurre mucho antes de encender las cámaras. Durante la fase de preproducción es necesario diseñar un plan de alimentación que evalúe los impactos ambientales y sociales. Esto implica definir los criterios de compra, los proveedores y las pautas de gestión de residuos que se trasladarán a cada jornada de rodaje.
Una hoja de ruta sólida debe incluir objetivos medibles, como el porcentaje de alimentos de origen local o la reducción de plásticos de un solo uso. Tal y como recomiendan las guías de buenas prácticas del sector, resulta fundamental implicar a todos los departamentos para que el servicio de restauración sea una extensión coherente de la estrategia global de sostenibilidad de la producción.
Optar por proveedores locales no solo reduce las emisiones derivadas del transporte, sino que además fortalece el tejido económico de la comunidad que acoge la filmación. Fruterías, panaderías y agricultores de la zona pueden suministrar productos frescos con menor envase y un recorrido mucho más corto hasta el set de rodaje. Esta decisión es especialmente relevante cuando se rueda en exteriores naturales protegidos, donde el impacto ecológico debe reducirse al máximo.
Complementar la compra local con criterios de temporada ayuda a disminuir el consumo de agua y energía asociado a cultivos forzados. Menús basados en legumbres, verduras y cereales de producción cercana tienen una huella hídrica sensiblemente inferior a la de carnes procesadas o ingredientes exóticos. Al mismo tiempo, el empleo de productos con ecoetiquetado o certificación de comercio justo garantiza condiciones laborales dignas en origen y evita prácticas agrícolas insostenibles.
Una de las medidas más efectivas y sencillas de implementar es la eliminación de botellas de plástico desechables. La experiencia de grandes rodajes lo demuestra: en la grabación de Terminator en España se ahorraron 95.000 botellas de plástico, y en la última temporada de Juego de Tronos se evitaron 9.950 envases. La solución consiste en entregar a cada miembro del equipo una botella reutilizable y disponer garrafas de agua en puntos estratégicos del set.
Además de las botellas, el menaje debe sustituir los platos, cubiertos y vasos desechables por alternativas reutilizables o, en su defecto, compostables. El plástico de un solo uso en bandejas de porexpán y envoltorios individuales se puede eliminar mediante la compra a granel y la presentación de los alimentos en fuentes comunes. Esta transformación logística requiere coordinación, pero los datos de ahorro de residuos y la mejora de la imagen del proyecto son contundentes.
El desperdicio alimentario es uno de los puntos críticos en un rodaje. Para reducirlo, se recomienda ajustar las raciones al número real de comensales y prever sistemas de recogida selectiva. El material orgánico puede separarse y enviarse a plantas de compostaje, evitando que termine en vertederos. Cuando las sobras son aptas para el consumo, la donación es una vía que ya han explorado con éxito algunas superproducciones.
Un caso paradigmático es el programa de donación de comida desarrollado durante el rodaje de Jurassic World: el reino caído en Reino Unido, que logró redistribuir 145 kilos de alimentos. Este tipo de acciones, además de combatir el hambre, refuerzan la responsabilidad social de la producción y generan un retorno mediático positivo. Para formalizar esta práctica es aconsejable establecer convenios previos con bancos de alimentos locales y verificar los requisitos sanitarios.
De poco sirven las directrices escritas si el personal no las entiende ni las hace suyas. La comunicación interna y la formación son fundamentales para que el cátering sostenible funcione sobre el terreno. Antes del inicio del rodaje conviene distribuir un manual de buenas prácticas que explique de forma clara las pautas de consumo responsable, el uso de los contenedores de reciclaje y la razón de ser de cada medida.
Los carteles y señales en el set pueden adoptar un tono divertido, como los dinosaurios recicladores que utilizó la citada producción de Jurassic World, para reforzar el mensaje sin que resulte una imposición. Los jefes de departamento deben dar ejemplo, y es muy efectivo nombrar a una persona responsable de sostenibilidad en el equipo de producción que supervise diariamente el cumplimiento de los objetivos y resuelva dudas sobre la marcha.
Las cifras demuestran que el cine puede alimentar a sus equipos sin devorar recursos. La productora Fresco Film, pionera en España en rodajes verdes, aplicó su política de botellas reutilizables en la segunda temporada de la serie Snatch, donde se ahorraron 45.000 botellas de plástico. Esta empresa malagueña, que ya trabaja con gigantes como HBO, incorpora la sostenibilidad en su ADN y recibe con satisfacción a clientes que le exigen informes diarios de consumo de agua y material reciclado.
Ciudades como Nueva York han dado un paso más allá al exigir medidas de sostenibilidad a las producciones que filman en sus calles, e incluso ofrecen un sello verde que distingue a las películas responsables. En Europa, el proyecto Green Screen, impulsado por la Unión Europea, ha desarrollado calculadoras de huella de carbono y promueve la estandarización de criterios. Estos avances confirman que la restauración sostenible no es una utopía, sino una realidad medible y en expansión.
Más allá del ahorro ambiental, el cátering sostenible genera retornos económicos directos e indirectos. La compra a proveedores locales dinamiza la economía rural y urbana de las poblaciones que acogen los rodajes, y la contratación de empresas de inserción social para el servicio de restauración crea oportunidades laborales para colectivos vulnerables. Estas acciones pueden ser difundidas en los materiales promocionales de la película, sumando valor reputacional.
Asimismo, el ahorro en la compra de agua embotellada y en la gestión de residuos puede repercutir en una reducción de costes a medio plazo. Varias productoras han constatado que, una vez amortizada la inversión inicial en menaje duradero y puntos de agua, el gasto operativo disminuye. La sostenibilidad, por tanto, deja de ser un sobrecoste para convertirse en una decisión estratégica alineada con las nuevas exigencias del mercado y del público.
Adoptar una alimentación sostenible en un rodaje es más sencillo de lo que parece. Basta con empezar por gestos concretos: sustituir las botellas de plástico, comprar fruta de temporada en el mercado local y separar los residuos. Cada pequeño paso contribuye a una transformación real y, lo más importante, cala en la cultura del equipo, que acaba trasladando esos hábitos a su vida diaria y a futuros proyectos.
La clave es entender que un rodaje es un evento con un principio y un final definidos, donde todo lo que se consume y se desecha puede planificarse. Si productores como Fresco Film o superproducciones como Jurassic World ya lo han logrado con éxito, cualquier producción, modesta o ambiciosa, puede sumarse a este cambio y demostrar que el séptimo arte también puede cuidar el planeta.
Desde una perspectiva técnica, la implantación de un sistema de gestión de cátering sostenible exige la estandarización de indicadores y la integración con herramientas como las calculadoras de huella de carbono desarrolladas en el marco del proyecto europeo Green Screen. Es necesario superar la fase de recomendaciones voluntarias y avanzar hacia requisitos contractuales que obliguen a los proveedores a reportar parámetros como el porcentaje de producto local, el volumen de residuo orgánico desviado de vertedero o el uso de menaje compostable.
La trazabilidad de los alimentos, la auditoría de proveedores y la certificación de tercera parte (como la ISO 20121 de eventos sostenibles, fácilmente adaptable a rodajes) serán los siguientes pasos para consolidar la profesionalización del green filming. Asimismo, conviene explorar la compensación de emisiones inevitables a través de proyectos locales de reforestación o energías renovables, completando así un círculo virtuoso que entronca con la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
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